História del Pingüino disecado de la Ermita del Vinyet de Sitges

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História del Pingüino disecado de la Ermita del Vinyet de Sitges

Pingüino disecado por Bartolomé Puig y ofrecido a la Virgen de Vinyet por salvar su vida durante la travesía del Cabo de Hornos.

Expedición Cientifica del Pacífico

A lo largo de varios siglos España envió varias expediciones científicas a descifrar el distante y misterioso Nuevo Mundo que fue incorporando a sus territorios desde 1492.

La Comisión del Pacífico (1862-1866) fue la última gran expedición española a tierras americanas,

descubriendo entonces un “mundo nuevo” de repúblicas americanas independientes.

La Comisión Científica del Pacífico fue un proyecto secundario a la expedición de una escuadra de la Marina

cuyos objetivos se centraban en la aproximación a los países de la América hispana con el objeto de defender los intereses de España.

La expedición presenta varios objetivos.

Por una parte, la expedición naval tenía por objetivo defender los intereses españoles,

particularmente a la colonia española, y estrechar los lazos políticos con las antiguas colonias sin descartar el posible establecimiento de una base naval en aquellas aguas.

Al mismo tiempo, esta expedición debía de contribuir a la formación de oficiales y tripulación en materia de navegación, y a facilitar la realización de maniobras militares.

La organización de una comisión de científicos, a los que debía acompañar un artista fotógrafo,

fue una decisión posterior, y se acometió con enorme premura.

Sin duda dicha comisión, cuyos objetivos eran formar colecciones y realizar avances científicos, complementaba la imagen de modernidad y poder que deseaba proyectar la Escuadra en tierras americanas.

En cuanto a la expedición científica, parece ante todo complementar a la misión naval como un elemento más del prestigio que toda la misión perseguía.

Particularmente desde el siglo XVIII habían tenido lugar largos viajes durante los cuales se habían obtenido importantes datos científicos,

no sólo destinados a mejorar la navegación, sino también a comprender la naturaleza de las tierras y gentes de países lejanos.

la comisión debía fijar y determinar datos para la resolución de problemas científicos

y, por otra parte, enriquecer las colecciones y fomentar la propagación y aclimatación de especies.

Bartolomé Puig y Galup—o Puig de Galup— se había presentado como candidato para la expedición.

Bartolomé Puig de Galup (Sitges, 1826-1880?)

trabajaba como médico ayudante disecador del Gabinete de Historia Natural de la Universidad de Barcelona.

Se doctoró en Medicina en la Universidad Central, tal y como parece sugerir su discurso de investidura sobre la moral en el médico.

Recientes investigaciones indican que mantuvo también un taller de taxidermia en Barcelona

hasta que finalmente en 1862 se desplazó a Madrid,

donde frecuentaría los círculos de Mariano de la Paz Graells, que también la había practicado.

Salida de la expedición

Según palabras del padre Agustín Barreiro, el primer historiador de la Expedición al Pacífico,

los comisionados abandonaron Cádiz a bordo de la fragata de hélice Nuestra Señora del Triunfo entre acordes de la Marcha Real

y al tiempo que un enorme gentío se despedía agitando sus pañuelos desde el puerto.

Eran las 6 de la tarde del día 10 de agosto de 1862.

El paso al Pacífico: el Estrecho de Magallanes y el Cabo de Hornos

Contraviniendo las órdenes del gobierno, que había dispuesto que los buques pusieran rumbo a las Islas Malvinas, el comandante de la escuadra Pinzón decidió adentrarse en el Estrecho de Magallanes.

El interés del gobierno se centraba en evitar “exponer las fragatas a los riesgos de una travesía peligrosa”.

Sin embargo, Pinzón justificándose en el interés que estos lugares podían tener para la comisión científica,

decidió cruzar el estrecho si bien, como comenta Navarro y Morgado,

no existiendo instrumentos ni plan preconcebido y siendo en esta estación el paso tan rápido,

sólo podían acometerse observaciones meteorológicas y escribirse una sucinta relación de los sucesos y particularidades de la expedición

. Este decidido interés no deja de parecer una excusa, pues los intereses del comandante solían ser ajenos a los de la comisión científica.

… El 6 de febrero llegamos al estrecho [de Magallanes], a las ocho fondeamos en Bahía Posesión…

Allí tuvimos fuerte temporal de viento y temimos perder las anclas; el 12 llegó la “Covadonga”

y proseguimos adelante… y continuamos a la siguiente mañana para Punta Sandy sin más percance que una ligera varada…

Tras una estancia de varias semanas en Puerto Stanley las fragatas se dirigieron hacia el Cabo de Hornos,

que rodearon para llegar al Pacífico no con poca dificultad.

El fotógrafo (Rafael Castro), proclive a relativizar sus experiencias personales utilizando generalmente el sentido del humor,

describe los efectos del temporal a través del ambiente de alegría que reinaba en la cámara de los jóvenes guardia marinas:

… Salimos para doblar el cabo con un gran día… Pasamos el cabo con felicidad a máquina, el día 13 principiamos a tener vientos de proa

y se apagó la máquina saltándonos al siguiente día un S. O. bastante duro y desde este día principiamos a balancearnos grandemente;

el 18 tuvimos repetición del mismo viento y como teníamos que ganar longitud para dirigirnos a tierra nos pusimos a la zapa aguantándonos.

Pasamos mal día, los balances crecían; el agua invadía la batería; el viento tuvo una fuerza extraordinaria al principio del día…

la mar estaba horrendamente magnífica y medida la altura de las olas resultaron de 30 pies y algo más.

Aquel día y los sucesivos fueron de gran jaleo; comíamos platos en mano y el pan debajo del brazo haciendo toda clase de figuras a cual más grotesca, a cada instante salían mesas, baúles, cajones destrincados con gran risa nuestra.

Más la mayor algazara y animación reinaba en la camareta, habitada por los jóvenes guardia marinas

que como muchachos no pensaban sino en hacer una fiesta del temporal e inventaban toda clase de noticias terroríficas

que ponían en conmoción a uno de nuestros compañeros de comisión el cual creía ya ser víctima del temporal y no hablaba más que de naufragios, bancas de nieve…

Este compañero no sería otro sino Bartolomé Puig, que a su regreso a España

le entregaría a modo de ofrenda a la Virgen de Vinyet un ejemplar de pingüino disecado

por haber intercedido por él y salvarle la vida durante la travesía.

Este delicioso pingüino todavía se conserva en la parroquia de su ciudad natal con un cartel al cuello en el que se lee: “Pájaro niño, disecado y dedicado a la Purísima Virgen del Viñet desde el Cabo de Hornos por el hijo de Sitges B. P. de G. año 1865”.

inscripcion pinguino vinyet sitges

Trabajo de TESIS DOCTORAL 2018 La obra de Rafael Castro y Ordóñez, fotógrafo de la Expedición Científica del Pacífico (1862-1865) Sara Badia-Villaseca

Biografía de Bartomeu Puig i de Galup [ Sitges, 1825 – 1884 ]

Médico y taxidermista, el sitgetano Bartolomé Puig de Galup pertenece a una buena familia del empresariado agrícola catalán,

conocida por la producción de Malvasia, el famoso vino dulce de la zona.

Hijo de Josep Anton Puig de Sitges y de Ramona Galup de Barcelona, ​​se licencia en 1851 en Medicina y Cirugía por la Universidad de Barcelona.

Uno de sus hermanos, dos años menor, es también médico con ejercicio en Vilanova y la Geltrú: Dionís Puig de Galup (Sitges 1827- La Granada del Penedès, 1907.

En 1852, Bartolomé Puig de Galup se traslada a Madrid donde alcanza el grado de doctor en Medicina por la Universidad Central con la tesis titulada De la moral en el médico, presentada en 1853.

De vuelta a casa, Puig de Galup es nombrado ayudante dissecador y preparador del Gabinete de Historia Natural de la Universidad de Barcelona

donde se convierte ayudante del catedrático Antonio Sánchez Comendador, profesor que imparte las asignaturas de Mineralogía y Zoología.

Hombre con los valores y las convicciones románticas propias de la época,

el amor a la patria y el afán de aventura están presentes en algunos de sus escritos, especialmente,

en los poemas donde recuerda Sitges, su ciudad natal.

Este espíritu lleva Bartolomé Puig de Galup a ofrecerse como voluntario para participar en la Comisión Científica del Pacífico, que se inicia en 1862 y termina en 1866.

Su emoción la expresa a su maestro Mariano de la Paz Graells -médico y naturalista, director del Museo de Ciencias Naturales y uno de los organizadores de la expedición-.

Confía en que el maestro intercederá a favor para incorporarse a la expedición

y le da buenas razones en la carta que le escribe el 15 de mayo de 1862: ‘¡Ah! Como pudiese ir al Pacífico ¡Cuánta cosa y buena recogi “.

Finalmente seleccionado, Bartomeu Puig encarga de la taxidermia y conservación de los ejemplares que recoge la Comisión.

Estas tareas sólo equivalían a la plaza de ayudante dissecador, cargo con el que nunca estuvo de acuerdo.

Por ello, formula quejas por escrito en varias ocasiones, mostrando su insatisfacción y alegando su condición de médico y la realización de trabajos similares a las de otros miembros de la Expedición.

Puig de Galup quería ser incluido en la nómina del personal científico y cobrar como tal.

Nuevamente, en su correspondencia a Graells -a quien considera maestro y amigo- manifiesta la frustración que esta situación de desigualdad le produce y reivindica una solución hasta que terminó marchando del grupo.

Entre los compañeros que continúan el viaje por el Amazonas, se encuentra el médico y botánico de Setcases, Joan Isern-Batlló.

En el artículo 14 del Reglamento de la Comisión especificaban sus tareas y la obligación de atenerse a las indicaciones de los colectores.

Durante el viaje, en relación a los trabajos que Puig de Galup tenía encomendadas, fue muy cuestionado por algunos de sus compañeros.

Uno de ellos, Jiménez de la Espada, alguna vez, lo tacha de “dissecador no muy activo”.

Por su parte, Puig se queja de que es el único preparador de la Expedición y que es imposible que se pueda hacer cargo de las numerosas capturas de pájaros y otros animales que se hacen.

En sus mismas palabras, explica que “infinitas aves, bastantes mamíferos, muchos cazadores

y un solo preparador que por mucho que alargue el trabajo hasta la tarde, es imposible asumirla y se deben tirar muchas capturas debido a su putrefacción!

E insiste culpando “al amigo Espada para que, cada día, sale de cacería acompañado de tres tiradores y no deja tiempo para que él pueda avanzar la disecación”.

Aunque, durante el viaje, Puig de Galup no escribe un diario propiamente dicho,

deja constancia de su experiencia en unas crónicas que envía para su publicación El Brusi, nombre popular con que se conoce el Diario de Barcelona en alusión al nombre de su propietario y director.

El interés de estas crónicas hace que se publiquen en otros diarios como La España.

Además, hay que considerar como parte de su obra la serie de cartas a su mentor Mariano de la Paz Graells,

gracias a las cuales conocemos con detalle sus impresiones más personales sobre los avatares de la Comisión.

Cuando en 1864, ya comenzada la Guerra del Pacífico,

la Comisión se plantea la posibilidad de continuar la expedición atravesando el continente por sus propios medios sin ningún tipo de apoyo de la Escuadra.

Puig aduce problemas de salud presentando un certificado que atestigua que el médico sitgetano sufre una hepatitis y,

por este motivo, los médicos desaconsejan que continúe el viaje amazónico con sus compañeros.

Además, Bartolomé Puig ha conocido una joven chilena, hija de un rico español y mama chilena:

Nieves Martínez con quien Puig se casa el 17 de agosto de 1864 y vuelve a España poco después.

En julio de 1865, Puig de Galup se reincorpora a su plaza de ayudante de la cátedra de Historia Natural de la Universidad de Barcelona

y conservador de su Gabinete de Historia Natural, institución a la que cede varios objetos procedentes del expedición del Pacífico,

contribuyendo al enriquecimiento de su colección, la más antigua de Cataluña y una de las pocas españolas que conserva este material del siglo XIX.

Aunque, tal vez, la pieza más curiosa que lleva este científico es el pingüino disecado que ofrece a la Virgen del Vinyet,

en el Santuario de Sitges donde aún hoy se conserva entre santos y exvotos como testimonio de la intercesión de la virgen ,

a quien atribuye la salvación de su vida durante una peligrosa travesía por el Cabo de Hornos como así aún consta en el cartel que cuelga del cuello del pingüino.

No se tiene constancia si Bartolomé Puig de Galup vuelve a tener trato con los miembros de la Expedición al Pacífico pero se sabe que se jubila anticipadamente a 52 años, en 1880, probablemente debido a la enfermedad que padecía.

Muere cuatro años después, el 24 de abril de 1884 según consta en La Correspondencia de España.

Artículo de Concha Díaz (MCDP) www.galeriametges.cat/galeria-fitxa.php?icod=LMM